© imagen

Energía

La industria siderúrgica, como el resto de las industrias electro intensivas españolas precisa un suministro energético seguro, a precios competitivos, y con una gran estabilidad regulatoria. Tanto en energía eléctrica como en gas se cumple el primer requisito, mientras que los otros dos distan mucho de estar en una situación aceptable.


Lamentablemente el resultado del año 2017, más allá de la evolución de los precios mayoristas de electricidad, ha sido decepcionante en el capítulo de energía, ya que el retraso en la aprobación de la ley de los Presupuestos Generales del Estado y las dificultades burocráticas del Ministerio de Energía impidieron aprovechar la dotación presupuestaria para compensar a la industria electrointensiva del sobrecoste derivado del despliegue de energías renovables


En el marco de las iniciativas europeas para la reforma del sistema energético (energía limpia para todos, paquete de invierno, etc.), el Gobierno acordó, en el mes de julio, la constitución de un Grupo de expertos al que le encargó elaborar un informe que orientase las posibles propuestas de cara a definir la estrategia española para la transición energética. El informe ha visto la luz ya en el año 2018 y sin perjuicio de la seriedad y profundidad del mismo, está en discusión entre los agentes sociales, económicos y políticos del país.


Otra medida relevante del Gobierno, que tampoco se ha culminado, fue el anuncio de una reforma en profundidad del servicio de gestión de la demanda (interrumpibilidad) y de los pagos por capacidad a las empresas productoras de energía. El único resultado fue la división de la subasta del servicio en dos paquetes, el primero de 5 meses y el segundo del resto del año, con una drástica reducción de la retribución del mismo, lo que agrande más la brecha entre los precios eléctricos españoles y los de Alemania antes de costes regulados y ajustes del sistema.


La siderurgia española precisa disponer de precios energéticos competitivos que le permitan competir en similares condiciones con el resto de principales países europeos y eso, más allá de buenas intenciones y tecnicismos, está muy lejos de ser una realidad.


En cuanto al mercado de gas sigue adoleciendo de una liquides razonable, y, lo que es peor, se utiliza por los operadores principales para fijar el precio de referencia de las plantas de generación de ciclo combinado, lo que influye, muy negativamente en el precio de la electricidad.