A la búsqueda de un plan para el acero español

Tajani Soria

El Gobierno español ha aprobado la constitución de un grupo de trabajo interministerial, con participación de las Comunidades Autónomas, la industria y los sindicatos, para avanzar en el estudio de propuestas que permitan garantizar la existencia en España de una industria siderúrgica potente y competitiva.

Es una excelente decisión y una buena noticia para el sector, y felicitamos al Gobierno por el impulso dado al  tema, que se ha convertido en una prioridad de la Secretaría General de Industria. España es el primer estado miembro que ha organizado el espejo nacional del plan europeo de la siderurgia.

Tenemos por delante un trabajo muy importante. Entre todos debemos conseguir dar la vuelta a una situación que ha hecho muy difícil el mantenimiento de la actividad industrial, y eso sin contar con los efectos de la crisis económica que en nuestro país ha sido particularmente aguda.

El Grupo de trabajo del acero va a tener un doble objetivo: de un lado, preparar la posición común de España en las discusiones que se mantendrán a lo largo del año en la Unión Europea, y por otro, estudiar las características y problemas propios de nuestro país, para proponer medidas específicas.

Sobre el tapete del ámbito europeo hay seis temas importantes que abarcan desde el impacto de la regulación, la garantía del acceso a los mercados, la promoción de la demanda del acero, la política energética y de cambio climático, el impulso a la innovación hasta la dimensión social.

En España hemos comenzado por la política energética, que tiene características nacionales propias e independientes del ámbito europeo, y han comenzado las reuniones monográficas en este mismo mes de febrero.

La posición de UNESID es suficientemente conocida: la industria no pide subvenciones ni ayudas, pero exige tener precios de la energía que no estén artificialmente lastrados y que le permitan mantener la competitividad en los mercados exteriores, tanto europeos como en países terceros, sobre todo en momentos en los que una parte sustancial de la producción se exporta a países terceros.

Obviamente la complejidad del asunto no permite que se encuentren soluciones inmediatas, pero el mero hecho de reconocer el problema es un paso previo imprescindible para avanzar en su resolución.

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