El nuevo gobierno y la política industrial

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Yo era uno de los muchos que confiaba en que esta legislatura fuera la de la industria. Si en el pasado el lema era el de las industrias “estratégicas”, la mayoría de ellas inexistentes en nuestro país o enchufadas de una u otra forma a los Presupuestos del Estado, los esfuerzos del anterior equipo de industria habían conseguido modificar el relato, aunque sin alcanzar resultados significativos.

Sin embargo, en una de esas carambolas de la política española, la nueva configuración del Gobierno ha supuesto la ruptura del binomio industria–energía y la integración de las competencias de industria en el ministerio de economía.

Como tenemos obligación de ser optimistas, conviene recordar que los organigramas solo son importantes para los que están dentro de los mismos. Para la ciudadanía, y para la industria, lo importante son las políticas y necesitamos confiar en que el Ministro de Economía, Industria y Competitividad tiene a la industria como una de las prioridades de su cartera.

Baste recordar que en Alemania, el país industrial por naturaleza, no hay como tal un Ministerio de Industria y las competencias recaen en el Ministerio de Economía, aunque este se encarga de la economía real y no de la financiera, que recae en el Ministerio de Hacienda. En Francia tampoco hay un Ministerio de Industria y el Ministro de Estado de Industria (equivalente a un Secretario de Estado español) depende del Ministro de Economía y Hacienda. Si nuestro país va a mantener la industria como prioridad -tal y como hacen Alemania y Francia- no echaremos en falta el Ministerio.

Tampoco ha sido una buena señal que la responsable directa de industria no haya sido ascendida a Secretaria de Estado, ya que de esta forma no puede participar en las reuniones de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos, privando a ésta de disponer de una persona con responsabilidad exclusiva sobre la industria. Como rectificar es de sabios, confiamos en que entre todos podamos convencer al Gobierno y a su presidente para que rectifique y eleve de rango a la Secretaría General de industria, integrándola en la CDGAE.

La buena noticia es que la continuidad en Industria permite que la inevitable parálisis burocrática por los cambios de adscripción se reduzca al mínimo, ya que tanto la Secretaria General como el nuevo Director General de Industria conocen perfectamente la gestión y los retos de su responsabilidad.

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