Portugal y el crecimiento potencial de Europa

Parque de las Naciones, Lisboa; recuperada de Pxhere

¿Es la economía una ciencia lúgubre o triste, como escribió Thomas Carlyle con gran éxito hace más de siglo y medio? A mí no me lo parece, pero me pregunto por qué los que hacemos de economistas nos empeñamos muchas veces en serlo.

Esta reflexión me surge al haber leído el reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre Portugal, nuestros vecinos a los que siempre hay que prestar interés. En el primer semestre de 2019 se han entregado allí 432 kt. de productos siderúrgicos españoles.El problema no son las cifras actuales, que no son especialmente pesimistas ya que se prevé un crecimiento del 1,7% en este año y del 1,5% el que viene, algo más bajo que el español pero también mejor que el europeo. Además el Gobierno acabó en diciembre de pagar por anticipado, cinco años antes de lo estipulado, el préstamo que el FMI le dio para salvar la crisis. La situación financiera del país, por tanto, ha mejorado y ha permitido por ejemplo una subida de la inversión pública del 12% interanual en el primer trimestre del año, dato siempre positivo para el consumo de acero. Incluso los analistas del Fondo recomiendan a las autoridades lusas continuar con el crecimiento de esta inversión de cara al futuro.

Puente-de-Lisboa-recuperada-de-Pixabay

Sí me parece triste, o al menos melancólica, la foto para el medio y largo plazo. Esta refleja un crecimiento potencial, el que se puede sostener sin grandes desequilibrios, del 1,4% anual. Sé que ahora está de moda el crecimiento cero, y que la estabilidad incluso parece demasiado para los que promueven el decrecimiento, pero a mí me gustaría que nuestra Unión Europea, y especialmente los países del sur, tuvieran más ambición y optimismo. Con un potencial tan bajo es imposible alcanzar el nivel de vida de los países más ricos de la Unión. ¿No pueden Portugal o España crecer más rápido en industria, tecnología, productividad? Resulta cómodo, pero triste, pensar que como ya somos una sociedad desarrollada no podemos crecer mucho más. Si queremos que nuestros hijos vivan mejor que nosotros tendremos que ayudarles con una sociedad capaz de generar más riqueza. Una herramienta muy útil para ello es la industria, creadora de empleos de calidad y de alto valor añadido. La siderurgia es un ejemplo de esto, y si no se le ponen trabas puede seguir generando valor para una inmensa variedad de sectores que utilizan el acero.

Contestando a mi pregunta, no, un economista no tiene por qué ser más triste que un ingeniero agrónomo, pero tiene que describir realidades que muchas veces son cenizas, y ojalá estas descripciones sirvan para que pensemos cómo mejorarlas.

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