Una larguísima campaña electoral

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El rechazo del Proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) 2019 y el anuncio consiguiente de convocatoria de elecciones generales el 28 de abril ha iniciado, si no había comenzado antes, una larguísima campaña electoral que se prolongará todo el mes de mayo, hasta culminar con las elecciones europeas, locales y regionales en 13 Comunidades Autónomas.

 

 

El presidente del gobierno, por motivos que solo a él competen, ha decidido prolongar el periodo electoral esquivando, solo formalmente, el super-domingo de mayo, pero los ciudadanos estamos siendo bombardeados con propuestas y anuncios que, bien no se podrán sustanciar, bien pueden ser ilusorios, en algunos casos, irrealizables y los menos claramente dañinos bajo una apariencia benéfica.

 

Será de desear que nuestros representantes políticos eviten la hiperventilación, y restrinjan sus propuestas a las que se puedan llevar a cabo sin que supongan ahondar en algunos de los problemas estructurales que ya tiene la economía española, como son el déficit del conjunto de las administraciones públicas, una demografía que lastra seriamente el futuro del estado de bienestar y los retos económicos, tecnológicos y políticos que debemos abordar en breve.

La realidad es tozuda y este año no podremos disponer de algo tan básico como unos presupuestos generales del estado que orienten la gestión del gobierno y sirvan de guía al sector privado y a las familias en su desempeño.

 

 

A mi juicio lo más grave es la posible pérdida del pulso europeo: las elecciones europeas, que mostrarán una tasa maquillada de participación, van a estar lastradas tanto por las elecciones generales como por las locales y autonómicas, con lo que los ciudadanos españoles vamos a perder la visión de “lo que se cuece en Europa”, y si el resultado electoral de abril no muestra la posibilidad de un gobierno de tal nombre (sea de mayoría o de coalición) podemos perder más de un tren europeo, que va lento y a trompicones pero que no se va a paralizar, pero sí resentir, por la ausencia española en el proceso de toma de decisiones.

 

En cuanto a la campaña inacabable, las noticias al día de hoy no son muy esperanzadoras: se anuncian y anuncian medidas, bajo el manto de una pretendida urgencia, que hurtan el debate parlamentario y a las que se puede calificar, sin duda, de electoralismo. España es un gran país, pero tiene –como todos– capacidades limitadas para sufragar los numerosos gastos que se querrían acometer. Así que hay que otorgar prioridades con mesura: Cifras, sumas y restas.

 

 

Confiemos en que se imponga la sensatez y algunos anuncios se queden en eso, en meros anuncios de intenciones para la siguiente legislatura.

 

 

 

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