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La industria siderúrgica española en 2018


El pasado ejercicio 2018 ha estado marcado por la interconexión entre la política y los flujos de comercio exterior, un año en el que Estados Unidos levantó una barrera comercial del 25% contra el acero importado desde la mayor parte de países. El motivo esgrimido es la seguridad nacional y resulta tan inverosímil que deja claro que las razones se encuentran en la política interna. La Comisión Europea puso en marcha medidas de réplica, pero con poco efecto puesto que Estados Unidos no es un país exportador de acero. Posteriormente, aprobó medidas de salvaguardia para evitar que la reducción de flujos a Norteamérica provocara un aumento súbito y desmedido de importaciones de esos flujos a Europa. La salvaguardia cubre la mayor parte de los productos siderúrgicos y tiene dos tramos: un contingente libre de aranceles, equivalente a la media de las importaciones entre 2015 y 2017, y el exceso de importaciones sobre ese contingente, que paga un 25%. Por tanto, las medidas están diseñadas de manera mucho menos proteccionistas que las de Estados Unidos: los contingentes permiten mantener los flujos tradicionales de importaciones mientras que el pago de derechos solo detiene el exceso.


 

Desde un punto de vista global, las medidas norteamericanas –que han supuesto una convulsión para nuestro sector–, son solo el inicio de un movimiento más amplio de utilización del comercio como herramienta de negociación. Desde hace ya un año, la guerra comercial es la principal preocupación económica, y ha afectado negativamente, tanto por vía directa como a través del deterioro de expectativas, al crecimiento mundial y europeo a lo largo de toda la segunda mitad de 2018. En España y en la Unión Europea esta perturbación ha estado agravada por el freno en el sector automovilístico, acontecido también después del verano y que se inició con la nueva regulación WLTP (Worldwide harmonized Light vehicles Test Procedures), en vigor desde septiembre, que modifica la manera de medir las emisiones de gases de los vehículos. Tras causar un aumento de ventas con la tecnología antigua hasta agosto, las matriculaciones y la producción se hundieron a partir de septiembre. Inicialmente podía parecer un fenómeno coyuntural que duraría unos pocos meses, pero se ha extendido hasta final de año y principio de 2019, aunque en menor medida. Probablemente se deba a que la regulación es solo una entre las muchas actuaciones y declaraciones que siembran dudas a largo plazo sobre las motorizaciones existentes y hacen por tanto que se resientan las ventas. 2018 ha estado marcado por la política comercial internacional.


 

Esta situación del automóvil, segundo sector consumidor de acero en España y que en conjunto ha caído un 0,8% en el año, se ha dejado notar en la demanda de productos siderúrgicos. Por el contrario, el sector de la construcción ha mantenido su crecimiento en 2018 con una subida del 5,3%, formando parte de un proceso de recuperación con velocidades satisfactorias, pero con un volumen total aún reducido para el tamaño de nuestro país. El crecimiento no solo se ha visto en la construcción de viviendas sino también en la de obra pública, ya que 2018 ha sido un año preelectoral que estimula a las administraciones locales a aumentar su actividad. En cuanto al tercer gran sector consumidor, los bienes de equipo han crecido un 5,3% y se han beneficiado de un año en el que, a pesar de los temores de ralentización, la inversión se ha seguido comportando bien.


En consecuencia, en 2018 se consumieron 14,5 millones de toneladas de productos siderúrgicos, subiendo un 12,1% con respecto al ejercicio precedente. En esta importante subida influyeron las mejores condiciones de mercado, pero también la notable subida de las importaciones de terceros países (+20,6%), intentando adelantarse al agotamiento del contingente impuesto por la salvaguardia y generando una recuperación de inventarios con respecto a 2017, que había sido un año de disminución. El progreso del consumo aparente se vio tanto en los productos planos, que crecieron un 14,6% hasta los 9,6 millones de toneladas, como en los largos que también subieron un 10,7% hasta los 4,7 millones de toneladas. Como la subida del consumo se abasteció desde el exterior, en 2018 las entregas totales al merca-do de productos siderúrgicos ascendieron apenas un 0,6% sobre 2017, hasta alcanzar los 14,4 millones de toneladas. La variación de la producción fue también leve, pero en este caso negativa: bajó un 0,8%, quedando en 14,3 millones de toneladas.