Si tuviera que describir mi trayectoria como ingeniera metalúrgica con una imagen, sería la de una araña en el centro de una red. No porque trabaje sola, sino porque concibo la ingeniería como una forma de realizar conexiones. Conexiones de conocimientos, disciplinas, personas y necesidades para “tejer” soluciones.
El desarrollo de mi carrera investigadora como ingeniera metalúrgica me ha permitido comprender que la innovación no surge en compartimentos estancos, sino cuando el conocimiento fluye entre distintos ámbitos. Tras varios años dedicados a la investigación académica en España y Países Bajos, decidí incorporarme al departamento de I+D de una gran compañía siderúrgica europea para ver de primera mano cómo mi investigación se materializaba en aceros capaces de reducir el peso de los vehículos y, con ello, las emisiones asociadas al transporte. Mi papel como ingeniera, e investigadora, era el de conectar resultados experimentales con simulaciones y modelos teóricos descriptivos del comportamiento mecánico para guiar el desarrollo de nuevos productos de acero. Trabajaba en la intersección de la ingeniería metalúrgica, la teoría matemática de materiales policristalinos y la mecánica de materiales a través de numerosas colaboraciones académicas e industriales. Esta experiencia me reafirmó que las preguntas que nacen en la industria necesitan del conocimiento científico para encontrar respuestas, lo que me animó a volver a la investigación.
Mi regreso al ámbito académico, así como la oportunidad de liderar el Foro de Transición Energética y Cambio Climático de la Plataforma Tecnológica Española del Acero (PLATEA), me han permitido en los últimos años reflexionar sobre los grandes retos del sector siderúrgico español, y europeo, e impulsar soluciones. El acero es un material esencial para nuestra sociedad, y la industria siderúrgica española es un motor clave de nuestro tejido productivo. La necesidad de desarrollar procesos productivos más sostenibles en el tiempo ha impulsado una transformación sin precedentes. La descarbonización de los procesos, la digitalización, el desarrollo de nuevos materiales y la economía circular exigen una ingeniería capaz de integrar ciencia e industria desde múltiples perspectivas para desarrollar soluciones con impacto.
Hoy en día, realizo mi investigación en el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM) del CSIC, donde estudio los fenómenos fisicoquímicos que controlan la estructura interna y propiedades de productos metalúrgicos en interacción con hidrógeno. El objetivo es dar respuesta a cuestiones científicas que plantea el reto de descarbonización de la industria siderúrgica y metalúrgica Europea como, por ejemplo:
- ¿cómo influyen los quemadores de hidrógeno en hornos de recalentamiento a la calidad del acero?
- ¿cómo utilizar hidrógeno como reductor de forma eficiente y segura para revalorizar residuos y subproductos siderúrgicos?, o
- ¿cómo afectará el reciclado de chatarra al acero del futuro?
Para ello, combino principios de termoquímica computacional con experimentos innovadores de aplicación de hidrógeno molecular a productos metalúrgicos bajo ciclos térmicos controlados y caracterización avanzada.
Para mí, ser ingeniera e investigadora, significa tener la oportunidad de contribuir a la generación de conocimiento y a su aplicación para resolver retos reales, multidisciplinares y dinámicos, como los que presenta la industria siderúrgica. Y esto es una experiencia profundamente gratificante con la que debemos contagiar a las nuevas generaciones, porque el acero del futuro se construye con talento joven.



