Recession ahead - road sign warning concept

Acaba de revisarse el crecimiento del PIB en el segundo trimestre y el resultado es cuatro décimas mayor que la primera estimación. Ahora, el INE sitúa la variación interanual del PIB en el 6,8% en el segundo trimestre de 2022, y en el 6,7% en el primero. Sin embargo, la recesión está a la vuelta de la esquina. ¿Es esto compatible con las cifras de crecimiento publicadas hasta ahora? Desgraciadamente sí. El 6,7% del segundo trimestre es una comparación con 2021, cuando aún no habíamos terminado de salir de la COVID. Una recesión es una caída con respecto al periodo anterior durante dos trimestres consecutivos. Es decir, si en verano del año pasado el PIB valía 100 y este verano ha llegado a 106,7 y en los dos trimestres siguientes bajara por ejemplo a 106,5 y 106, estaríamos viviendo una recesión, aunque el PIB todavía creciera sobre el año anterior.

El caso es que, con éstas u otras cifras, sí se espera que la actividad económica vaya deslizándose a peor en los próximos trimestres. Según los datos recién publicados sobre la confianza de los consumidores españoles, ésta ha bajado en septiembre a -32,9 puntos, un valor incluso  por debajo de la medida del confinamiento. Y peor aún, la valoración de los consumidores europeos está en su mínimo histórico. En cuanto a la industria española, la confianza también se deteriora, aunque sin llegar al extremo de los consumidores. Su valoración de los pedidos ha caído a negativo en solo siete meses desde su valor máximo histórico. Los pedidos de exportación también se deterioran, dada la mala situación del resto de países europeos. Y resulta igualmente alarmante cómo en los últimos meses se ha pasado a valorar que el volumen de inventarios es excesivo para el nivel de negocio, lo que se traducirá en un descenso de actividad para equilibrarlos.

Los principales culpables de esta situación son los precios de la electricidad y el gas, que están provocando una crisis de oferta, como ya comentábamos en otra entrada anterior del blog de UNESID. Desgraciadamente, para que la actividad se normalice no podemos engañarnos con la “trampa” de la inflación. Si el gas ha subido desde 20 €/MWh hasta 160 €/MWh y se estabiliza ahí, seguiremos teniendo un precio insoportablemente alto, aunque la inflación llegue a ser nula. De nada sirve tener precios estables en el nivel actual, es necesario que el gas y la electricidad vuelvan a sus precios anteriores a esta crisis, porque si esto no sucede, habremos perdido competitividad y nuestra industria le estará dedicando inútilmente recursos a la energía, recursos que estarían mejor asignados a la inversión, la innovación o los recursos humanos.

Normalmente, las recesiones están provocadas por la acumulación de múltiples desequilibrios que acaban corrigiéndose con más o menos brusquedad. Sin embargo en este caso es atribuible a situaciones y decisiones concretas. Algunas son terribles y no las podemos manejar, como la invasión de Ucrania o el chantaje ruso a la Unión Europea con los cortes de suministro de gas. Pero otras decisiones no están tan lejanas, ni son tan ajenas. Se puede y se debe desvincular el precio del gas del de la electricidad y la excepción ibérica es un primer paso, aunque con efectos secundarios. Pero es posible y necesario ir más allá, tanto en España como en Europa. De ello depende que vivamos una leve recesión o que suframos una terrible calamidad.

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